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Slop y vídeo: cuando producir más deja de significar comunicar mejor

De:Jordi Sabater

En 30 segundos

Durante años, producir más contenido ha sido, para muchos, sinónimo de comunicar mejor. Más artículos, más vídeos, más impactos. La lógica parecía sencilla: ocupar espacio, ganar visibilidad y capturar atención. Hoy, esa ecuación empieza a romperse.

En paralelo al auge de la inteligencia artificial generativa, ha aparecido un concepto incómodo pero cada vez más citado: slop. Un término que designa la acumulación de contenido digital correcto en la forma, razonable en el fondo, pero pobre en valor real. No es ruido evidente ni spam burdo. Es contenido que parece válido durante unos segundos, lo justo para pasar el filtro de la atención.

Este fenómeno, observado inicialmente en ámbitos como el financiero, se está extendiendo a la comunicación digital en general. Y el vídeo, por su capacidad de escalar producción con IA, se ha convertido en uno de los territorios donde el slop empieza a ser más visible.

 

Qué entendemos por “slop” (y por qué no es un problema estético)

El slop no es contenido mal escrito ni técnicamente defectuoso. Al contrario.

Suele estar bien redactado, utiliza conceptos reconocibles y mantiene una apariencia profesional. Su problema no es la forma, sino la ausencia de intención, contexto y relevancia.

A diferencia del spam clásico, fácil de detectar y descartar, el slop se mueve en una zona gris. No necesita convencer del todo; le basta con parecer plausible durante unos segundos. En un entorno de consumo acelerado, eso suele ser suficiente.

Por eso el slop no es solo una cuestión estética. Es un problema operativo. Introduce fricción, obliga a verificar, desgasta la atención y eleva el coste de distinguir lo relevante de lo prescindible. Donde la información es materia prima, el slop no es inocuo: genera ineficiencia.

 

Del slop informativo al slop audiovisual

Este mismo patrón empieza a reproducirse en el ámbito del vídeo.

La facilidad para generar piezas audiovisuales con IA ha reducido drásticamente las barreras de producción. Hoy es posible crear vídeos “correctos” a gran escala, en muy poco tiempo y con un coste marginal bajo.

El resultado es una proliferación de vídeos que:

  • explican sin profundizar,

  • personalizan sin contextualizar,

  • comunican sin tener claro a quién ni para qué.

No son vídeos malos. Son vídeos intercambiables.

Y cuando todo parece correcto, nada destaca.

Aquí aparece una paradoja: el vídeo, tradicionalmente asociado a impacto y diferenciación, empieza a sufrir el mismo desgaste que otros formatos cuando se produce sin criterio estratégico.

Cuando captar la atención deja de ser suficiente

Durante mucho tiempo, la atención fue el objetivo principal.  En nuestro blog lo hemos repetido por activa y por pasiva.

Era la forma de diferenciar nuestro impacto entre una saturación más que evidente.

Pero ahora está claro que captar la atención ya no garantiza comprensión, confianza ni impacto.

A veces solo garantiza un segundo más de exposición antes de pasar a lo siguiente.

El slop funciona precisamente ahí.

No busca construir relación ni transmitir significado. Busca ocupar un instante.

El problema es que, acumulado, ese enfoque degrada el ecosistema comunicativo: todo se vuelve más ruidoso y menos fiable.

En vídeo, este efecto es especialmente delicado. El formato transmite autoridad, cercanía y verosimilitud. Cuando se utiliza para producir mensajes genéricos en masa, el desgaste no es inmediato, pero sí progresivo. A largo plazo, el coste no es técnico, sino reputacional.

La IA no decide la calidad; la estrategia sí

Es tentador atribuir el slop a la tecnología.

Pero el problema no es la inteligencia artificial en sí, sino cómo se decide usarla. La IA puede amplificar tanto el ruido como el valor.

La diferencia no está en el modelo, sino en el planteamiento.

Hay una gran distancia entre:

  • usar la IA para producir más,

  • y usarla para comunicar mejor.

Cuando la tecnología se aplica sin diseño, sin intención clara y sin responsabilidad editorial, el resultado es volumen sin significado. Cuando se integra dentro de una estrategia consciente, puede convertirse en una herramienta para ganar relevancia, no para diluirla.

Dos caminos que se empiezan a separar

En este punto, el sector del vídeo se enfrenta a una bifurcación clara.

Por un lado, la tentación de escalar producción sin preguntarse por el impacto real. La tecnología, ¿lo permite?. Eso parece. Pues adelante.

Por otro, la posibilidad de replantear el uso de la IA como infraestructura para crear comunicación más pertinente. O sea, que sirva para algo relevante, que sea diferente...que sea mejor!!

Este contraste no tiene que ver con creatividad frente a automatización, ni con humanos frente a máquinas. No es una confrontación con la tecnología.

Tiene que ver con enfoque. Con decidir si el objetivo es llenar el canal o diseñar mensajes que tengan sentido para quien los recibe.

Empresas como 1to1video partimos de este segundo planteamiento: utilizar la tecnología no para producir más piezas, sino para producir piezas mejor pensadas, más relevantes y con mayor impacto, incluso cuando se trabaja a escala.

Siempre lo hemos 

No es una cuestión de herramientas, sino de criterio.

 

 

El slop como síntoma, no como destino

El slop no es una anomalía pasajera. Es el síntoma lógico de un ecosistema que ha priorizado la velocidad y la cantidad durante demasiado tiempo. También es una señal de que ese modelo empieza a agotarse.

En vídeo, como en otros formatos, producir más ya no equivale a comunicar mejor. Al contrario: a menudo significa competir en un ruido cada vez más homogéneo.

La pregunta relevante no es cuántos vídeos podemos generar con IA, sino qué tipo de relación queremos construir a través de ellos. Esa diferencia —sutil pero profunda— es la que separa el slop del contenido con sentido.

En los próximos contenidos exploraremos con más detalle esta bifurcación: dos formas opuestas de aplicar la IA al vídeo y por qué la personalización diseñada se está convirtiendo en una alternativa clara frente a la automatización sin intención.